Levantado
Lecturas:
Números 21,4-9
Salmo 78,1-2.34-38
Filipenses 2, 6-11
Juan 3, 13-17
En este punto de nuestro recorrido por la Escritura semana a semana, es muy apropiado que celebremos la antigua fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz.
Desde Pentecostés, las lecturas dominicales nos han estado preparando para reconocer a Jesús como el Mesías prometido de Israel. Como veremos contundentemente el próximo domingo, el misterio del Mesías es el misterio de la Cruz.
La epístola de hoy presenta este misterio con belleza y solemnidad: El misterio de la Cruz es el misterio de Jesús que baja del cielo para ayudarnos en lo profundo de nuestra debilidad; de su obediencia incluso hasta la "muerte de cruz" para levantarnos con Él a una nueva vida, a las elevadas alturas de lo divino.
Este tema, de lo divino que desciende y lo humano que asciende - de Dios que baja para levantarnos- continúa en el Evangelio de hoy. El pasaje está tomado de la famosa conversación nocturna de Jesús con Nicodemo. Jesús acaba de decirle cómo los creyentes serán "nacidos de lo alto" por el agua y el Espíritu (cf. Jn 3,4-7).
Ahora le va a explicar a este "maestro de Israel" (cf. Jn 3,10) cómo nos será dada por Dios la vida nueva. Lo hace interpretando las Escrituras, revelando lo que el salmo de hoy llama "los misterios del pasado", mostrándole el pleno significado divino de un evento en la historia de Israel (cf. Mt 13,35).
Al interpretar la Escritura que hoy se usa como primera lectura, Jesús nos revela también a nosotros el poder de dar la vida que tiene su muerte y resurrección: Como Moisés levantó la serpiente en el desierto, Él será levantado en la Cruz. Y así como los israelitas fueron sanados al mirar ese estandarte, nosotros obtendremos la vida eterna si contemplamos a nuestro Señor en la Cruz y creemos que por esta humillación vendrá su exaltación; que será alzado de la tumba, "levantado de la tierra", y atraerá a cada uno de nosotros hacia Él (cf. Jn 8,28; 12,32).
Al Partir el Pan
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